Los que mandarán en el mundo del niño con el pijama de Disney no serán los estados, sino las empresas. El niño será un sobrino de Michael Eisner; hijo del hermano chico del tiburón que se come a los niños. En lugar de cambiar de lugar de residencia, contratarán un viaje de algún TTOO roñoso y barato, lo que permitirá a la familia pasar 15 días en régimen todo incluido en un funcional y familiar hotel de Haití. El niño se aburrirá mucho en Haití, porque el TTOO les ha engañado, es temporada baja y ya no hay niños: sólo su hermana mayor, que es tonta de remate, todo el día obnubilada con las barbies malibú y ligando con el animador del hotel.
A consecuencia del aburrimiento extremo, el niño se hará amigo del jardinero (y técnico y piscinero y pintor y manitas en general y un largo etc). Le contará que, antes, era profesor de literatura. Como creerá que le está mintiendo, un día le seguirá y dará con una fábrica clandestina de pijamas Disney plagada de niños con los que puede jugar. Entonces conocerá a Shanti, un niño que en lugar de dormir las 4 horas que le permite el guarda de la empresa se dedicará a soñar despierto, porque si se duerme tiene pesadillas con un miquimaus asesino. Y entablará una amistad con él. En un juego decidirán intercambiarse la vida, Shanti se pondrá el pijama Disney y se irá al hotel; y el niño del pijama se quedará en la fábrica, para jugar con los niños-esclavos. Los padres, tras una juerga en la que abundó el garrafón, no se darán cuenta de que ése no es su hijo, a consecuencia de la resaca brutal. Lo harán al día siguiente, y como no lo encuentran, comenzará un circo mediático y saldrán en todos los informativos nacionales durante meses. Buscarán a 'Andrelaine', mote que le ponen los media.
Pero la historia continúa...
Pero como si no puedes contra ellos únete a ellos, sucumbiremos a la lógica de mercado del nuevo orden mundial, un capitalismo refundado por las mismas empresas cuyo paradigma quedará recogido en el Libro Verde de las Buenas Prácticas Neocapitalistas. Time Warner nos lanzará una oferta para sacar la segunda parte, en una superproducción que te rilas. Nos mostrará un plan de beneficio bruto de explotación antes de impuestos, ya que el centro financiero estará en Suiza o en Andorra. Nos pondrá los ojos como tomates de Almería. Hablaremos con nuestra productora independiente para rescindir el contrato. Nos llamará tránsfugas chaqueteros capitalistas opresores, a la vez que promete hacernos una campaña de desprestigio.
Como no, Disney nos lanzará la contraoferta y nos asegurará que si aceptamos, nuestras entrevistas y cómo se hizos sadrán en la Fox en lugar de en La2 y el actor principal será el niño de El Sexto Sentido digitalizado, en una campaña de lavado de imagen tras pillarlo conduciendo borracho y fumado. Además, asegurarán que nuestros estudios saldrán en el Google Earth, como los Premios Príncipe de Asturias. Como uno de los artífices será asturiano, el golpe bajo nos acabará de convencer y comenzaremos a trabajar con Pixar en la segunda parte de la peli, esta vez sin libro, en la que Shanti, hijo adoptivo de Robert Iger y director general de Disney Viajes, salva al niño con pijama Disney, que ya le queda pequeño porque tiene 40 años, en una sutilísima metáfora de la insostenibilidad del sistema económico anterior, al que relaciona con Eisner.
Y aquí no ha pasado nada
Pero más allá de estos ilustres iconos de lo bueno y lo malo, me gusta analizar la conducta de la gente que me rodea e intentar trazar una conexión entre las experiencias aprehendidas y su comportamiento, que se manifiesta ante mí con toda generosidad. Es como tener delante el testimonio de millones de pensamientos, percepciones, interpretaciones y sueños, integrados en un alguien que interactúa conmigo.
Pero lo que más me gusta hacer es imaginarlos años ha. Con la mochila del cole y montados en una bici, intentando alcanzar a un Seiscientos. En un aula gris con la fotografía de Franco encima de la pizarra, repitiendo las capitales del mundo al son de los reglazos del cura. En su primera fiesta de cumpleaños. Bajando la cabeza en una regañina paterna. Su primer beso. Huyendo de una paliza. Envidiando a una amiga. Intento escudriñar en qué momento comenzaron a comportarse de un modo u otro. Qué los hizo buenos o malos; egoístas o generosos, educados o soplapollas. Quién intervino. Dónde estaban. En qué contexto. Si fue algo de un día para otro o se fue gestando poco a poco a través de la repetición de sucesos, que dieron lugar a un comportamiento, que con el tiempo se hizo inconsciente. 


