Mostrando entradas con la etiqueta Noticias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Noticias. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de septiembre de 2008

Podría haber sido peor


Estos días he estado siendo una amorosa y disciplinada enfermera. Hace poco, un miembro de mi familia fue arrollado por un coche mientras cruzaba por el paso de cebra. Podría haberlo matado, a juzgar por las circunstancias. Este diminuto miembro de mi familia no comprende las señales de tráfico y, al parecer, tampoco se sintió amedrentado por la creciente presencia de los dos faros del coche de alquiler que se avecinaba por la calzada.
Podría haber muerto.
Yo no estaba, pero me contaron que el conductor del coche se apeó y comenzó a decir cosas en inglés. Era un guiri. Y el miembro de mi familia, pequeño y negro carbón. Un manojo de nervios que se fundía entre las sombras de la noche.
No murió, pero se partió la cadera y el fémur. Cuando lo trajeron de vuelta a casa, tras el accidente, parecía un muñeco de pelo negro, tiritando. No ladraba, no lloraba. Pero estaba sufriendo. Lo operaron al día siguiente y lo dejaron un día en observación. Me han contado que, mientras estaba sedado, movía la trufita, buscándonos, tumbado de lado, con la lengua, seca, fuera. Dicen que cuando se alejaban, comenzaba a llorar.
Al volver a casa, con los puntos en el jamoncito negro y la lámpara en la cabeza, sus ojos nos inyectaban una mirada acusadora.
"¿Qué me habéis hecho?", seguro que pensaba.
Pero con el tiempo y las medicinas, comenzó a mover el rabo, a ladrar, a comer, a mirarnos con sus expresivos ojos. A pedirnos que le quitáramos un ratito la lámpara de la cabeza, para que le rascáramos, que le picaba mucho, carajo.
Se ha portado muy bien y ya le han quitado los puntos. Todavía anda cojo, pero el doctor dice que pronto se pondrá bien. Y volverá a ser la diminuta bola de pelo que nos habla con los ojos.

Se ha portado muy bien el enano.

martes, 17 de junio de 2008

¿Fuera de contexto?

Bueno, se acabó. Tras más de una semana intensiva encerrada en mi cuarto, ayer hice el último examen de la carrera. No salí del todo descontenta, con el alivio que eso supone. No es mucho una semana para la época de exámenes del último curso de la carrera, pero las demás asignaturas han sido eminentemente prácticas.
A lo que iba. Por primera vez he podido leer prensa tranquilamente, y me he encontrado con una noticia que me ha dejado, como mínimo, inquieta.
'La academia francesa dice que la inclusión de las lenguas regionales como patrimonio de la nación en el artículo primero de la reforma de la constitución supone un atentado contra la identidad nacional'. 'El País, 17-06-08, Cultura'
Esto significa que, a parte del bretón, occitano, alsaciano y corso, entre otros, el catalán y el vasco serían incluidos como patrimonio del país vecino. Para mí supone un gran paso en el reconocimiento del mosaico de culturas que conforman el uniforme mapa político de un país.
Me extraña mucho que la academia de una lengua se pronuncie en contra del reconocimiento de otra. En estos tiempos de globalización, se hace especialmente necesario proteger y mimar las lenguas minoritarias. Cuando pienso en los académicos, los reconozco como personas de gran cultura y formación, por eso me extraña que digan que el reconocimiento de la expresión del conjunto de un pueblo les parezca un 'atentado contra la identidad nacional'.
En mi opinión, la identidad nacional no se expresa mediante una sola lengua, y mucho menos cuando existen otras que son habladas, por ejemplo, por casi ocho millones de hablantes y comprendida por más de diez, como es el caso del catalán -Wikipedia-.
No me acabo de creer esta noticia. Me parece una afirmación fuera de contexto. ¿No os parece? Que lo diga un político, cuya formación en materia lingüística puede ser más o menos normalita, me parecería normal.
Pero unos académicos... investigaremos.

sábado, 14 de junio de 2008

¡Fuera!

Desafortunadamente, siempre he tenido un grado más bien bajo de tolerancia hacia esas personas cutres, salchicheras y tocapelotas que se jactan de ser todo lo contrario.
Soy muy sincera cuando digo que me encantaría tener una especie de repelente que las alejara de mi lado, o un spray preventivo que desactivara la capacidad auditiva en cuanto comenzaran a articular la primera palabra dirigida hacia mí.
Hablo de ese tipo de personas extremadamente narcisistas que no tienen ningún problema en valorar al resto de la humanidad en función de su capacidad económica. Un deshecho rancio de la sociedad decimonónica que todavía perdura en algunos sectores de nuestro siglo; y que, lamentablemente configuran su estúpido y falso ego mediante la burda imitación de los estereotipos clasistas y de consumo masivo.
Esos príncipes destronados que se vanaglorian de todo lo que poseen y lo utilizan como argumento de desprecio hacia todos los que no sean de su calaña. Un rasgo que los caracteriza es que no han movido un sólo dedo para conseguir absolutamente nada de lo que tienen.
Y que no están acostumbrados, ni mucho menos, a tener un ápice de respeto por los demás.

sábado, 7 de junio de 2008

Cosas que nunca haré

Mi amiga Inma me comentó que no le gusta visitar las ciudades en plan turístico, sino que prefiere hacerlo con el pretexto de vivir alguna experiencia. Es decir, no le gusta llegar a una ciudad desconocida y perderse por le casco antiguo o explorar los puntos que le dicen que son más atractivos.
Un curso de Ayurveda en India, trabajar un verano en Menorca o coger su magnífica furgo e irse a Los Caños en su día de descanso.
Inma viaja así, un turismo de experiencia. Visitar una o varias ciudades por algo, para algo. A mí también me gusta.

Pero sobre todo me hubiera encantado acompañar a Lina Quesada, autora de estas fotos y primera montañista andaluza que ha conseguido llegar a la cima del Everest.
La conocí en una rueda de prensa, en la que nos explicó los pormenores del ascenso a la montaña más alta del mundo. Mi primer contacto con ella fue en la sala de conferencias, cuando le pregunté si era de Prensa. No sé por qué razón, me dijo que sí y me dio un cd con las fotos del viaje. Impresionantes fotos que hace tiempo quiero compartir con vosotros. Seguro que Lina vio en algunos momentos la cima, desde lo lejos, y le pareció una odisea.



En mi opinión, el ascenso a esta montaña es una alegoría de la vida. En el transcurso del camino, encontró muchos obstáculos. Incluso hubo momentos en los que tuvo que volver atrás. Pero eso no era un problema para ella: ya conocía el camino. En otros momentos, unos militares armados le impidieron continuar el ascenso. Pero Lina no se detuvo. Tuvo paciencia, esperó. Continuó con su viaje.
Como era de esperar, no pudo reprimir la emoción al describirnos cómo fue la llegada a la cima. También nos aseguró que el peor momento del viaje fue el descenso.


La montañista sevillana me pareció una mujer muy humilde, muy serena, muy tranquila. Quizás sea por verse a uno mismo en la inmensidad de la naturaleza. Una hormigita en el Universo.



miércoles, 28 de mayo de 2008

¿Hay vida antes de la muerte? (I)

Hace unas semanas leí un delicioso artículo de opinión de Elsa Punset en El País y quiero compartirlo con vosotros. Lo que pasa es que en este blog puede que quede muy largo, así que, para que no os canséis, lo voy a partir en dos.

Que lo disfrutéis.

"Mujer, 43 años, funcionaria, casada, dos hijos, vive en un piso alquilado en Madrid y conduce un coche de gama media’. Con palabras grises como éstas solemos juzgar a las personas que nos rodean. Con poco más. No sabemos si esa mujer ama a su pareja o si se emociona con el canto del ruiseñor en las noches de verano. Menos aún: si es capaz de tocar la soledad que alberga el alma de las personas o si sueña con un refugio invisible en lo alto de una montaña. Las palabras con las que medimos a las personas dibujan un perfil social y económico que las hunden en el anonimato de las estadísticas. Son datos que no cantan, no bailan, no sueñan, no ríen. No dicen, realmente, nada que importe. Entonces, ¿por qué juzgamos y etiquetamos a los vivos en base a datos que podrían describir a los muertos?
La evolución nos ha dotado de un cerebro para sentir y para pensar, un órgano asombroso que crea, ama y sueña. Pero somos imperfectos. Al cerebro humano le lastra el miedo. Programado para sobrevivir, observa desde su caja negra los peligros que le acechan. Y a diferencia de otros animales, escudriña y teme también aquello que posiblemente podría ocurrirle: la muerte de un ser querido o la mirada del jefe que tal vez esté barruntando despedirnos. Atrincherado en su miedo a no sobrevivir, el cerebro nos tiende trampas para aliviar su soledad, para poblar de certezas su universo incierto y cambiante. A golpe de etiquetas dividimos el mundo en bueno o malo, es decir, en seguro e inseguro. Vivimos con la mirada inconsciente fija en el código evolutivo heredado de los muertos: lejos de la manada, acecha la muerte. El desprecio de los otros nos aterra. Intentamos pertenecer al grupo, político, familiar o artístico, amparados al abrigo de las verdades de un ego colectivo que defiende un espacio seguro. Ulteriormente, los humanos tienden naturalmente a la justicia social y a la empatía, pero estas se inhiben si el entorno y el cerebro así lo aconsejan. No somos malos, somos obedientes porque tenemos miedo, aunque esa contradicción entre lo sentido y lo vivido crea más soledad y dolor del que siempre quisimos evitar".

Continuará...

lunes, 28 de abril de 2008

Rutina


Esta mañana me he levantado un poco revuelta. No tenía necesidad de madrugar, pues tengo turno de tarde en la radio. Nada más ponerme en pie, me he tomado el café triple de todas las mañanas y me he ido a la facultad en bus, escuchando 'Pa mi mulata, pa mi morena', 'La Chinita' y 'Mr. Marley', entre otras, para darme ánimos. Tenía que preguntarle al profesor, en la tutoría, su parecer sobre mi próximo reportaje de viajes. Será una ruta, de la mano de dos viajeros ingleses del siglo XIX, por los rincones más preciosos de la Meca del Viento, antes y ahora. Hay cosas que han cambiado, pero otras no.

Tengo previsto hacer el reportaje fotográfico este puente.

Acto seguido he ido a la secretaría a pedir la carta de pago, porque me han denegado la beca. Y toca pagar.


Tras eso, me he fumado un pitillo en la parada del autobús, que ha llegado a la media hora, más o menos. En la parada había un fila de estudiantes infinita. Pero como era una de las primeras, me he podido sentar, cosa que he agradecido a la benevolencia divina.


He ido al banco a soltar el dinero de la matrícula, que ya tenía previsto en mi presupuesto, porque intuía la denegación. ¿Las causas? No justificar debidamente la independencia económica y familiar y que vivo en Sevilla. Aunque haya entregado mi declaración de la renta 2007 con domicilio fiscal en Sevilla, contrato de trabajo y piso en Sevilla, matrícula en la Universidad con todas las asignaturas aprobadas... pero faltaba el papelito de la residencia.

Afortunadamente, ya ni siquiera me indigno. A estas alturas, estoy vacunada contra la burrocracia.


He llegado a mi casa y me ha llamado el escayolista para arreglar el agujero que tenemos en el techo fruto de una gotera. Al llegar al piso, estaba en la puerta. Creo que me ha dicho que va a tardar una hora. Pero ha estado media hora y se ha ido a comer. De momento, no ha vuelto.


Esta tarde tengo sesión de prácticas en la radio y, entre otras cosas, elaboraré la agenda cultural para mañana. Acabaré a las nueve seguramente, me llevarán al piso, cenaré y prepararé la entrevista de mañana al coordinador de la unidad de sueño del hospital, para el reportaje de Técnicas de Investigación.


Y supongo que, muerta, me iré a la cama. Aunque, eso sí, oye, al menos, espero soñar con los angelitos...


lunes, 21 de abril de 2008

El misterio de los mensajes de amor en Triana

Desde hace unos días, llevo viendo en el suelo de Triana varios gritos dibujados con spray blanco, dirigidos a alguien invisible y que inundan las calles de este barrio. Comienzan justo en el rellano de un bloque de pisos al lado de una placita y, siguiendo una ruta, continúan cruzando el Puente Triana, hasta Arjona, que es hasta dónde he descubierto que llegan.


En seguida me ha sobrevenido una tormenta de historias sobre las posibles causas, sujeto y objeto de esos mensajes de amor que, en Triana, intentamos no pisar.


Recuerdo que, más o menos hace un mes, el novio de una amiga mía llamó a su puerta y, al abrir, había un folio colgado en la escalera: 'Quieres salir conmigo?' decía. En la escalera, en la zona común, en el ascensor, había folios con esa frase por todas partes. Trazando un camino que conducía a su escondite, para recibirla con un beso. Esto fue después de una monumental pelea, claro.



Pues estos mensajitos cargados de pasión y -una pizca de desesperación- son exactamente la misma cosa, pero a lo grande. Sólo sé dónde se esconde la destinataria, a juzgar por dónde empiezan, pero no el escritor.
Pienso en la utilidad. Quizás fueran el resultado de una pelea, de una ruptura, de una pillada de él con otra, de un intento de que ella deje al novio por él, porque es su amante... incluso de un maltratador que se arrepiente, de un traslado de ciudad de los padres de ella; o de él, y le jura amor eterno.

Me convenzo: estos mensajes son para arreglar algo, una situación de mal rollo desatada días antes de esta fastuosa demostración de amor. Una rosa en las manos de un hombre que toca a la puerta de su amada, arrepentido, calado hasta los huesos por la lluvia de horas, esperando a que le abra la puerta, con cara de perrito pachón.
No cabe en mis esquemas que alguien haga una cosa de estas características 'porque sí'... Seguramente sea jovencísimo. Se me ocurre un niñito de trece a dieciocho años como máximo, que cree que el amor es esto.

Pobrecito cuando se entere de que los Reyes Magos son los padres...


¿O es que nosotros, con el paso de los años, nos volvemos un poco rancios?

domingo, 20 de abril de 2008

Llueve que te llueve

Llovió durante todo el fin de semana


Llovió durante gran parte de la Feria.

Foto: Carpin

El cielo, hace días azul descarado. Ahora, abrigado por un edredón gris ceniza, regalando gotitas de previsiones, de deslucimientos y de noticias, acompañadas por un viento raro aquí, en la Ciudad Hispalense.

Unos dicen:

"Desluce la Feria" / "Causa atascos" / "Inunda las calles"

Y otros:

"Tenemos agua para los próximos 3 años" / "Embalses al 70%"

Y yo digo que las palabras se las puede llevar el viento raro, pero que no se lleve la lluvia... y que se traiga por las noches truenos y relámpagos a ser posible...

lunes, 14 de abril de 2008

Ficción

Hay dos fragmentos de la película 'Le fabuleux destin d'Amelie Poulain' que me encantan. Uno es al principio, y otro al final. Son totalmente distintos en contenido, pero despiertan empatía y sensibilidad.
El primero de ellos transcurre cuando presenta a los personajes que van a salir a escena, dando unos cuantas pinceladas de cada uno de ellos a través de las cosas sencillas de cada día que les gustan y que les disgustan. Incluso las de un gato.

Me gusta cuando dice de Rafael Poulain que sus 'Labios apretados indican dureza de corazón'. También sonrío al saber que 'no le gusta que se le quede el bañador pegado al salir de la piscina' y que le encanta 'vaciar su caja de herramientas, limpiarla bien, y volver a ponerlo todo en su sitio'.

No puedo remediar compararme y pienso en una voz en off presentando una foto mía semicaricaturizada rodeada de flechitas que dicen 'ceño fruncido indica desacuerdo general crónico'. Luego, una imagen mía caminando tras una cadena humana de tres mujeres que van pisando huevos ocupando toda la acera . La voz en off diría: 'A Barbarilla le disgusta que la gente que anda lenta vaya en paralelo ocupando toda la acera'; y otra imagen, llegando de la facultad, en mi cuarto: 'A Barbarilla le gusta llegar a su casa, ponerse el pijama y abandonarse al esparcimiento hasta irse a dormir'.

Quizás por eso me encanta ir al cine sola. La imaginación empieza a viajar y soy capaz de meterme en las escenas más surrealistas.

La otra escena que me fascina es la del final, cuando Amélie tiene en frente al chico que le gusta. Lleva detrás de él muchos días, haciéndole todo tipo de juegos y perrerías. Ha llorado por él, no podía hacer otra cosa que pensar en él. Y, cuando le tiene en frente, va y le da un beso en un ojo, luego en la oreja, en la frente y en la comisura de los labios, para luego él hacer lo mismo, guiado por la mirada de la dulce Amélie.

Son escenas de ficción que nos ocurren durante nuestra vida cotidiana, sin duda. Pero creo que no nos damos cuenta. Y sería muy divertido que alguien decidiera hacer un par de escenas de este tipo sobre las cosas de cada día que nos pasan y se nos escapan de las manos.