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lunes, 18 de agosto de 2008

Grandes locos de la historia

Después de que mi masaje mensual me haya devuelto el riego sanguíneo al cerebro; tras tener un poquito de tiempo para leer, y como la temporada está dando ya sus últimos coletazos, actualizo este blog, al que ya le estaban saliendo setas del aburrimiento absoluto al que le tenía sometido.

Desde siempre me han llamado la atención las personas perturbadas -locas, desviadas, desubicadas, raras, extravagantes, fuera de lo común... llamémosle x-. Pero sobre todo las que, por circunstancias varias, han cambiado el rumbo de la historia, como Adolf Hitler, de pintor frustrado a führer del III Reich; o Juana I de Castilla, que se volvió loca de amor. Ayer descubrí un libro que recoge una selección de estos personajes de sentimientos fascinantes, que sin duda apunto a la lista de lecturas que pretendo realizar a partir de octubre.

Uno de los personajes que más intriga es Grigori Yefímovich, conocido mundialmente por Rasputín (Pokrovskoie, 22-01-1869 - Petrogrado, 29-12-1916). Según una biografía breve, este monje siberiano no tuvo otra formación que la de ser un cuatrero en sus primeros años, para más tarde retirarse a un monasterio a meditar y formar parte de una secta que pretendía llegar a la fe mediante el dolor, pero que también celebraba fiestas y orgías a las que Rasputin era asiduo. Su propia experiencia y ambición le llevaron a relacionarse con la nobleza y monarquía rusas y a ser uno de los personajes de mayor influencia en los primeros años del siglo XX. De hecho, es considerado uno de los responsables del estallido de la Revolución Rusa y de la caída de la monarquía. Hasta la forma de su muerte pone los pelos de punta: ahogado por algunos miembros de la familia real rusa, siendo antes envenenado, violado, castrado y golpeado. De hecho, su presunto pene, de 28,5 centímetros de longitud -35 según una biografía escrita por su hija- se conserva en el museo de erotismo de San Petersburgo.
No cabe duda de que se trata simplemente de una persona, pero rodeada de un halo de misterio expresado, sobre todo, en esa mirada, que da escalofríos. La mente humana continúa siendo esa gran desconocida, pero motor de nuestra existencia. Creo que las personas le tenemos miedo a lo que no conocemos, así que el misterio que envolvía al místico siberiano fue uno de sus mejores activos para tener, durante cierto tiempo, a todo quisqui como corderitos a sus pies.

jueves, 12 de junio de 2008

¿Cuál fue el primer vibrador de la historia?

A veces, y sobre todo sin querer, una encuentra por la red cuestiones que nunca se había planteado, pero que constituyen ese elenco de temas curiosos que satisfacen nuestro ánimo de saber todo cuanto nos rodea.

Estaba realizando una búsqueda relacionada con el SPM, en concreto sobre la influencia de las hormonas en el cuerpo y conducta de una mujer. Eso me ha llevado a viajar en el tiempo y encontrarme con esta cuando menos curiosa historia: la relación entre la histeria y el vibrador.
La palabra histeria viene del griego ὑστέρα, y significa útero. Fue diagnosticada como enfermedad propia de las personas que tienen uno. Es decir: nosotras, las mujeres.
Esta afección era de común diagnóstico en la época victoriana y comprendía un gran abanico de síntomas: desfallecimientos, insomio, retención de líquidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, irritabilidad, pérdida de apetito y tendencia a causar problemas. O lo que viene a ser lo mismo, el actual Síndrome Pre Menstrual, del cual hablaré un poco más adelante.

Los médicos franceses del siglo XIX idearon una técnica que paliaba los síntomas de la histeria. Para ello, el doctor debía efectuar la técnica del masaje pélvico a la afectada. Consistía, como podéis imaginar, en la estimulación manual de los genitales hasta que se producía un fenómeno que denominaron paroxismo histérico. Lo que hoy conocemos como orgasmo.
A los médicos les resultaba muy tediosa la técnica del masaje pélvico, pues en ocasiones podían tardar horas en conseguir que se produjera el bendito fenómeno. Tampoco querían desviar a sus pacientes a comadronas para no perder clientela. La solución fue la invención de aparatos para proporcionar estos masajes. Los primeros fueron sistemas de hidroterapia, muy populares en los balnearios decimonónicos franceses -no me extraña-.

Pero el vibrador mecánico que hoy conocemos fue utilizado en 1873, en un asilo.
Finalmente los médicos llegaron a reconocer que la histeria provenía de la insatisfacción sexual. Sin embargo, se negaban a admitir la función sexual del vibrador, al que consideraban como tratamiento puramente médico. De hecho, la introducción del espéculo en la vagina de la mujer -herramienta ginecológica para explorar el interior de la vagina- resultó mucho más controvertida que el uso del primitivo vibrador.
A medida que el vibrador se fue introduciendo en la sociedad, los casos de histeria se fueron reduciendo hasta desaparecer.
Hoy en día, la palabra histeria sigue relacionándose con la mujer y con los comportamientos impulsivos e irracionales en general, como la 'histeria colectiva'. Es curioso cómo el lenguaje nos traslada al significado original de las palabras. De hecho, hay un dicho muy común que tiene que ver con el mal humor de una mujer y el sexo. Cuántas veces habéis oído que a alguien 'le hace falta echar un buen polvo', como una suerte de remedio a la soberana mala leche.
Es que está todo inventado ;)
Fuente y fotos: la gran Wikipedia, qué haríamos sin ella