En el día de hoy se han publicado sendas noticias sobre los límites del derecho fundamental de informar y ser informado, como consecuencia de la cobertura del accidente aéreo de Barajas.
Los límites morales del contenido de la información vienen especificados de manera muy clara en el código ético del periodista. Pero desde luego se superan en pro de un aumento de las cuotas de audiencia. Pero esto no es nuevo.
Por ejemplo, cuando News Corp. decidió comprar el diario The Sun, elevó su tirada hasta cuotas sorprendentes. Para ello dirigió el contenido de la información hacia el morbo, lo prohibido y lo escandaloso. Es sólo uno de los ejemplos que demuestran que se trata de un problema estructural, no sólo de los medios. Si la sociedad demanda informaciones de contenido escandaloso y abordadas desde este enfoque, sin duda parte de esta responsabilidad recae en el conjunto de la sociedad, que es quien alimenta este tipo de informaciones.
Tenemos Gran Hermano, Operación Triunfo, Hotel Glam, decenas de realitys que fomentan el vouyerismo nacional. Nos gustan los desastres ajenos, mirar a escondidas, asistir aterrorizados, pero desde nuestro sofá, a las desgracias y miserias ajenas. No lo digo yo, lo dicen las cuotas de audiencia.
Y por cierto, como dice Elena Valenciano, esos periodistas, "la mayoría muy jóvenes y mal pagados", siguen las órdenes de los editores de las empresas en las que trabajan, la mayoría muy bien pagados y con suficiente experiencia acreditada.

Las órdenes vienen de arriba.
